La sociedad protocapitalista

Un amigo me preguntó sobre los riesgos para Argentina frente a la crisis del capitalismo internacional. Mi respuesta surgió casi sin pensarlo, los argentinos vivimos una suerte de “protocapitalismo”. Lo de “proto” tiene en este caso connotación de primitivo. Estamos aislados, gracias a la crisis del 2002, del financiamiento internacional. No hay posibilidad de contagio en ese sentido. Sin embargo, más de dos quintos de nuestra población tiene empleos informales. Nuestro sistema financiero es casi exclusivamente transaccional. Las empresas, y sus prácticas contables, reflejan un cierto desprecio por los accionistas minoritarios. Sin intermediación financiera o mercado de capitales profundos, el capital argentino está mayoritariamente en los “colchones” o en los “ladrillos”. Estos son un fondo anticíclico privado esperando la próxima crisis local. Esta vez no ha sido así. Una serie de eventos externos, la extrema liquidez internacional o el precio de la soja, han creado una burbuja en el precio de los ladrillos o licuan las tenencias en los colchones. La fortaleza de nuestro capitalismo primitivo puede ser también un preludio de su debilidad.

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