Diego, traición y mentira

La desvinculación del máximo ídolo del fútbol argentino me dejó pensando dos cosas. En primer lugar, Diego no aceptó las imposiciones de su empleador, la AFA, y prefirió renunciar. En este conflicto gremial hay dos partes. Por un lado, el empleador que no es dueño de la verdad, pero si tiene derecho a exigir obligaciones. Y por la otra, el empleado quien tampoco puede arrogarse la posesión de la verdad, pero debe demandar sus derechos. La decisión de renunciar resulta, en cierta medida, un lujo privativo de un tipo muy particular de empleado. No cualquier trabajador puede darse tamaño lujo. En segundo término, el trabajo formal es ciertamente la única forma de integración social, especialmente para aquellos jóvenes que abandonaron sus estudios y/o están desempleados. En memoria de ellos y de todos aquellos esforzados deportistas amateurs, deberíamos terminar la parodia de la traición y la mentira.

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