Buenos Vecinos

Por primera vez en décadas el vecindario latinoamericano, salvo honrosas excepciones, enfrenta una tormenta internacional en relativo orden. Aunque parezca mentira esto no ha sido siempre así. En las crisis precedentes la región estuvo directamente involucrada en su génesis o resultó afectada en sus etapas iniciales. La actual hecatombe no ha recalado aún con fuerza entre sus miembros. El impacto de la crisis global, con su consecuente desaceleración económica, ha reducido notablemente las exportaciones y los flujos de las inversiones directas. No obstante, hay una serie de factores que merecen ser ponderados a la hora de puntualizar las enterezas del vecindario.

Primero, los países de la región adoptaron en los últimos años políticas fiscales superavitarias y estrategias de desendeudamiento. Esto ha permitido en muchos casos la aplicación de políticas anticíclicas. La efectividad de los impulsos fiscales dependerá de la credibilidad, la capacidad de ejecución y la posibilidad de financiar los mismos en los mercados u organismos multilaterales. Es dable mencionar el hecho de que cinco países latinoamericanos alcanzaron el grado de inversión en los últimos años y un grupo considerable ha vuelto a emitir deuda en los mercados internacionales recientemente. Por otra parte, aquellas economías que postularon a las nuevas líneas contingentes del FMI no han sido castigadas, como ocurriera en otras oportunidades, en sus spreads soberanos.

Segundo, las economías latinoamericanas han abandonado mayoritariamente los regímenes de tipo de cambio fijo y mantienen un alto nivel de reservas internacionales. Esto evita los errores del pasado donde se apostaban las reservas a un tipo de cambio particular no convalidado por los mercados. En la jugada siempre perdían los gobiernos con el agravante de potenciar los descalces de los sistemas financieros domésticos. Los ahorristas y los tomadores de crédito siempre esperaban ser rescatados si la apuesta fallaba. Este descalce hacía aún más costoso el reconocimiento del error y la salida.

Tercero, los precios de los commodities se recuperan después de una abrupta caída. La demanda sostenida de productos primarios permitiría convalidar un nuevo nivel de valores, al parecer más alto y menos volátil que la trayectoria histórica tradicional.

Cuarto, los mecanismos formales e informales de consulta y coordinación de la región han facilitado la interacción entre sus gobiernos. Frente a la práctica usual en episodios anteriores de diferenciarse o aislarse, los países encuentran fortaleza en su pertenencia regional. Cuanto mayor sean las externalidades positivas del vecindario, mayor aún serán los beneficios de pertenecer al mismo.

Las virtudes del vecindario no deben desmerecer la agenda de temas pendientes. Los países de la región no han sido capaces de generar una inversión sostenida en infraestructura. La provisión de bienes públicos es siempre insuficiente. En algunos casos la recesión y en otros la inflación acechan. Las crisis castigan especialmente a los grupos sociales más vulnerables. Los desempleados, los pobres, los niños, los ancianos y los jóvenes no pueden guarecerse de las mismas. Las políticas públicas deben igualar oportunidades facilitando el acceso de los excluidos. La marginación es una herida abierta de nuestras sociedades. Los buenos vecinos lo son aún más en las malas.

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